sábado, 13 de marzo de 2010

La Conjura de los Necios (John Kennedy Toole, 1980)

Puedo, por fin, describirte ya, lector amable, nuestra fábrica (…) La fábrica es un edificio grande, tipo granero, que alberga piezas de tela, mesas de cortar, máquinas de coser inmensas y hornos que proporcionan el vapor necesario para el planchado. El efecto global es más bien surrealista, especialmente cuando uno ve a Les Africains moviéndose por allí, consagrados a sus tareas en este medio mecanizado (…) En los alrededores de Levy Pants hay un bar en cada esquina, indicio de que en la zona los salarios son abismalmente bajos. En las calles en las que los habitantes están particularmente desesperados, hay hasta tres y cuatro bares en cada cruce (…) Yo, en mi inocencia, sospeché que la raíz de la apatía que había observado entre los obreros era aquél jazz indecoroso que emitían los altavoces estridentes de las paredes (…) Pese a lo sometidos que han estado, los negros son una gente bastante agradable en general. Yo había tenido poca relación con ellos, en realidad, pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie (…) Siempre he sentido, en cierto modo, una especie de afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana. Mi exilio es voluntario, por supuesto. Es evidente, sin embargo, que muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media norteamericana. La verdad es que no puedo entender por qué. He de admitir que este deseo suyo me lleva a poner en entredicho sus juicios de valor (…) Pueden ratificar si quieren su propia condenación (…)Admiro el terror que son capaces de inspirar los negros en los corazones de algunos miembros del proletariado blanco y sólo desearía (esta es una confesión muy personal) poseer la misma capacidad de aterrar (…) Además, si fuera negro, mi madre no me presionaría para que encontrara un trabajo bueno, pues no habría ningún trabajo bueno a mi disposición (…) Ella y yo viviríamos muy agradablemente en alguna choza mohosa de los suburbios, en un estado de paz sin ambiciones, comprendiendo satisfechos que no se nos quería, y que luchar y esforzarse no tenía sentido.

Extracto de “La Conjura de los Necios” (A Confederacy of Dunces) de John Kennedy Toole.
Publicada originalmente en 1980.

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