A la luz de las antorchas todos se pusieron a dar caza a los caracoles por la bodega (…) Descubrieron el agujero en el barril y comprendieron de inmediato que habíamos sido nosotros (…) Acabamos cubiertos de estrías violeta en la espalda, las nalgas y las piernas, encerrados en el misero cuartito que nos servía de prisión (…) Después, primera comida en familia, como si nada hubiera ocurrido, todos muy en punto, ese mediodía del 15 de junio. ¿Y qué había preparado nuestra hermana Battista, superintendente la cocina? Sopa de caracoles, y guiso de caracoles. Cosimo no quiso tocar ni una concha. -¡Comed o en seguida os encerramos en el cuartito!- (…) -¿Y bien?- dijo nuestro padre a Cosimo. -¡No y no!- dijo Cosimo, y apartó el plato. -¡Fuera de esta mesa! (…) Cosimo subió hasta la horqueta de una gruesa rama donde podía estar cómodo, y se sentó allí, con las piernas colgantes, los brazos cruzados con las manos bajo las axilas, la cabeza hundida entre los hombros, el tricornio calado sobre la frente. Nuestro padre se asomó al antepecho. -¡Cuando te canses de estar ahí cambiarás de idea!- le gritó. -¡Nunca cambiaré de idea!- dijo mi hermano, desde la rama. -¡Te las verás conmigo en cuanto bajes! -¡Yo no bajaré nunca más! Y mantuvo su palabra.
Extracto de “El Barón Rampante” (Il Barone Rampante) de Italo Calvino.
Publicado originalmente en 1957.
Extracto de “El Barón Rampante” (Il Barone Rampante) de Italo Calvino.
Publicado originalmente en 1957.